“ ¿ Porqué seré tan serio?”
Guillermo García era un tipo muy serio, sin sentido del humor y nunca se reía. Cristina Finelli, su novia, era todo lo contrario; muy alegre, con un gran sentido del humor y siempre estaba riéndose.
Un sábado por la tarde andaban paseando por un parque de diversiones. Ella disfrutando todo y él aburrido como siempre. Sacan boletos para el tren fantasma, éste tenía dos coches con capacidad para diez o doce personas cada uno. Y ellos suben en el coche de atrás, en el vagoncito de cola. Arranca el tren y entra en un túnel. Los del coche de adelante asustados por algo gritan todos y cuando llegan ellos sienten en la cara el choque de unos hilos que cuelgan y Guillermo despectivamente dice: ¡ Y por esto gritan ¡ El primer coche abre otras puertas vaivén y otra vez el griterío. Cuando llegan ellos Guillermo ve un fantasma mal hecho que se aproxima a la gente cuando pasan y todo el mundo gritando y él no, no le causa gracia. La trompa del tren abre en su carrera otras puertas y ahora es un féretro que se le levanta la tapa y se incorpora un esqueleto al paso del tren. Guillermo escucha el griterío y se pregunta: ¿ porqué seré tan serio ? ¡ está bien , en la próxima grito! ¿ porqué no ? Guillermo escucha que se abren otras puertas y él cierra los ojos, hace molinetes con los brazos, levanta las piernas y grita como un loco. Cristina a su lado se asusta de él, el tren frena de golpe, él siente en la cara el fresco con vientito del aire libre; abre los ojos y se ve rodeado de gente a menos de un metro de él que estaban haciendo la cola para subir al tren. Unos se reían, otros lo miraban con lástima. Y él desapareció raudo entre la multitud.
lunes, 24 de septiembre de 2007
jueves, 13 de septiembre de 2007
“El tanguero”
Una noche, casi entrando en la madrugada, un viaje me lleva al barrio de Liniers y en una esquina cercana a Rivadavia y Gral Paz me para un típico tanguero, cantor o músico, de traje negro a rayas, pelo teñido y con voz de faso y whisky me dice.- Buen día, llevame para Av Entre Ríos al seiscientos, por autopista- Bajo por Rivadavia hasta la entrada de la misma , subo y ahí nomás las cabinas del peaje. Salgo y adelante: nadie, aprieto el acelerador y allá vamos por el carril rápido de la izquierda. A poco de andar aparece atrás un coche haciéndome luces, pidiéndome paso, tenía todos los carriles a mi derecha libre, pero bueno, me cambié de carril para dejarlo pasar- era lo legal- Lo que nadie tuvo en cuenta es que por la velocidad mi auto embolsaba atrás un torbellino de viento y cuando el coche me pasa se le levantó el capó y le tapa el parabrisa. El tipo frena, pero los frenos los tenía defectuosos porque el coche se le mandó para la derecha justo adelante nuestro. Así que en tremenda situación, que ya me parecía de choque insalvable, no sé cómo, pero volantéo para la izquierda para pasar entre el auto y el guardaraid. Creo que un pelo no pasaba entre mi paragolpe y el borde del paragolpe del otro coche. Veía cómo el guardaraid se me viene encima y esta vez doy el volantazo pero ahora hacia la derecha y se me descontrola la dirección del rodado, yéndose para la derecha y para la izquierda en forma descontrolada. Desacelero y largo el volante y el coche de a poco se va estabilizando. Bueno, pasado el susto me doy cuenta que estaba totalmente mojado por el sudor de adrenalina y escucho al pasajero que me dice: Negro, me cagué todo… lo miro y le contesto: yo también, creí que no iba a contarla. Y el tipo me dice: no entendiste, me cagué en serio, me cagué encima, ¡abrí la ventanilla.!
Bajo por la salida a la Av Entre Ríos y paro al seiscientos- me paga el viaje y cruza la avenida. Y ahí va el tanguero, con su traje negro a rayas,caminando derechito, despacio, con paso cortito y el culo apretado.
Una noche, casi entrando en la madrugada, un viaje me lleva al barrio de Liniers y en una esquina cercana a Rivadavia y Gral Paz me para un típico tanguero, cantor o músico, de traje negro a rayas, pelo teñido y con voz de faso y whisky me dice.- Buen día, llevame para Av Entre Ríos al seiscientos, por autopista- Bajo por Rivadavia hasta la entrada de la misma , subo y ahí nomás las cabinas del peaje. Salgo y adelante: nadie, aprieto el acelerador y allá vamos por el carril rápido de la izquierda. A poco de andar aparece atrás un coche haciéndome luces, pidiéndome paso, tenía todos los carriles a mi derecha libre, pero bueno, me cambié de carril para dejarlo pasar- era lo legal- Lo que nadie tuvo en cuenta es que por la velocidad mi auto embolsaba atrás un torbellino de viento y cuando el coche me pasa se le levantó el capó y le tapa el parabrisa. El tipo frena, pero los frenos los tenía defectuosos porque el coche se le mandó para la derecha justo adelante nuestro. Así que en tremenda situación, que ya me parecía de choque insalvable, no sé cómo, pero volantéo para la izquierda para pasar entre el auto y el guardaraid. Creo que un pelo no pasaba entre mi paragolpe y el borde del paragolpe del otro coche. Veía cómo el guardaraid se me viene encima y esta vez doy el volantazo pero ahora hacia la derecha y se me descontrola la dirección del rodado, yéndose para la derecha y para la izquierda en forma descontrolada. Desacelero y largo el volante y el coche de a poco se va estabilizando. Bueno, pasado el susto me doy cuenta que estaba totalmente mojado por el sudor de adrenalina y escucho al pasajero que me dice: Negro, me cagué todo… lo miro y le contesto: yo también, creí que no iba a contarla. Y el tipo me dice: no entendiste, me cagué en serio, me cagué encima, ¡abrí la ventanilla.!
Bajo por la salida a la Av Entre Ríos y paro al seiscientos- me paga el viaje y cruza la avenida. Y ahí va el tanguero, con su traje negro a rayas,caminando derechito, despacio, con paso cortito y el culo apretado.
“Amparo y su mamá”
Eran compañeros de trabajo en una Química muy importante. Ella, Amparo, secretaria en el Directorio. El, Nicolás, asistente del ingeniero de Mantenimiento. Se conocieron en el comedor de la fábrica, compartían la mesa con un grupo de programadores del Centro de Cómputos. Desde un principio Amparo (50) y Nicolás (32) buscaban estar juntos para charlar y así de a poco, día a día, Nicolás iba conociendo
La vida de Amparo. Ella era el fruto de un amor prohibido. Con su primera manifestación de vida: engrosó la fina cintura de su mamá, provocando así la huida del
pueblo de sus padres, la mamá, una hermosa adolescente, perteneciente a una encumbrada familia y su papá, un joven sacerdote de la única parroquia del lugar. Su primer viaje: Ella aún dentro de su madre, de España a un país sudamericano. Conoció la luz y las caras de sus padres en Buenos Aires. Luego con el tiempo, llegaron tres hermanos, pero ella era la elegida. Sí , la madre la eligió, por ser la más capaz y la más dócil , para compañía y sostén en su vejez.
Amparo andaba por sus veinte años, cuando el padre, sin aviso previo los deja a todos por muerte súbita. Los hermanos se van casando y ella, la mayor, sin concretar.
Cada vez que se acercaba un pretendiente o noviecito, la madre siempre alerta le hechaba flit. (flit: insecticida para espantar mosquitos). Un día decide no llevar mas enamorados a su casa. Toda su energía la dedica al cuidado de su madre, que estaba enferma y sin dejar su trabajo Amparo se las arregla para llevarla y traerla , de aquí para allá, que al médico, que hacer las compras, que hacer las visitas, que atenderla de noche. Su dedicación fue total.
Su madre se fue atrás del marido hace siete años. Amparo desde hace siete años con tratamiento siquiátrico. Amparo desde hace siete años con pastillas para poder dormir. Las compañeras de trabajo desde hace siete años haciendo la misma apuesta: unas, que el lunes Amparo viene, otras que nó porque se suicida el domingo. Amparo desde hace siete años, todos los días habla de su mamá. –como ella no había otra. –lo buena que era.-cuanto se querían. Y ese era el discurso que Nicolás escuchaba día a día.
Una mañana Amparo entra en la oficina de Nicolás y comienza con su discurso conocido y él en un ataque de sinceridad le dice: ¡Basta Amparo¡- ¡no mientas más¡- Yo no te creo y lo mejor que podrías hacer es poner a esa vieja crápula que tenías por madre en su lugar. Si no lo hiciste en vida de ella, hacelo ahora, estás a tiempo todavía, hacelo por tu vida. Gritá, decile de una vez por todas lo que se merece. Se hizo un silencio y de pronto Amparo cerró los puños y con los ojos cerrados empezó: ¡mamá¡ ¡mamá, que hiciste¡, ¡me cagastes la vida¡, ¡fuistes perversa, egoísta ¡ ¡sacrificastes mi felicidad, mi destino, mi amor para que te atienda¡ ¡me llenastes de culpas¡ ¡alejastes a todos mis novios para que no me fuera de tu lado¡. Ésta es la traducción culta o de salon, como quieran llamarla, de las maldiciones que emitía Amparo. Las verdaderas frases eran mas bien propias de hinchas– barra- brava . o de tumberos.
Nicolás queda paralizado, sin saber que hacer para calmarla y de pronto con una cachetada la calla y Amparo comienza a llorar, a llorar y a llorar, se va a la casa y no vuelve al trabajo hasta después de diez días. No va más al comedor, no habla con nadie. Sus compañeras nada saben de lo que le pasa y Nicolás, asustado tiene mas preguntas que repuestas.
Pasa el tiempo, y una tarde Nicolás la encuentra en la calle. Habian pasado unos cuatro o cinco años de aquella experiencia y ahora Amparo lucía más vital, más linda, sonreía y lo abraza: ¡que alegría¡. ¡que felíz encuentro¡. –Te acordás Nico del ataque que tuve ese día en tu oficina.
- Sí, me acuerdo.
- Ese día nací de nuevo. No volví a ver al siquiatra. No volví a tomar pastilla para dormir. Cambié de trabajo. Redecoré mi casa. Y tengo amante. ¡ Soy felíz¡.
Eran compañeros de trabajo en una Química muy importante. Ella, Amparo, secretaria en el Directorio. El, Nicolás, asistente del ingeniero de Mantenimiento. Se conocieron en el comedor de la fábrica, compartían la mesa con un grupo de programadores del Centro de Cómputos. Desde un principio Amparo (50) y Nicolás (32) buscaban estar juntos para charlar y así de a poco, día a día, Nicolás iba conociendo
La vida de Amparo. Ella era el fruto de un amor prohibido. Con su primera manifestación de vida: engrosó la fina cintura de su mamá, provocando así la huida del
pueblo de sus padres, la mamá, una hermosa adolescente, perteneciente a una encumbrada familia y su papá, un joven sacerdote de la única parroquia del lugar. Su primer viaje: Ella aún dentro de su madre, de España a un país sudamericano. Conoció la luz y las caras de sus padres en Buenos Aires. Luego con el tiempo, llegaron tres hermanos, pero ella era la elegida. Sí , la madre la eligió, por ser la más capaz y la más dócil , para compañía y sostén en su vejez.
Amparo andaba por sus veinte años, cuando el padre, sin aviso previo los deja a todos por muerte súbita. Los hermanos se van casando y ella, la mayor, sin concretar.
Cada vez que se acercaba un pretendiente o noviecito, la madre siempre alerta le hechaba flit. (flit: insecticida para espantar mosquitos). Un día decide no llevar mas enamorados a su casa. Toda su energía la dedica al cuidado de su madre, que estaba enferma y sin dejar su trabajo Amparo se las arregla para llevarla y traerla , de aquí para allá, que al médico, que hacer las compras, que hacer las visitas, que atenderla de noche. Su dedicación fue total.
Su madre se fue atrás del marido hace siete años. Amparo desde hace siete años con tratamiento siquiátrico. Amparo desde hace siete años con pastillas para poder dormir. Las compañeras de trabajo desde hace siete años haciendo la misma apuesta: unas, que el lunes Amparo viene, otras que nó porque se suicida el domingo. Amparo desde hace siete años, todos los días habla de su mamá. –como ella no había otra. –lo buena que era.-cuanto se querían. Y ese era el discurso que Nicolás escuchaba día a día.
Una mañana Amparo entra en la oficina de Nicolás y comienza con su discurso conocido y él en un ataque de sinceridad le dice: ¡Basta Amparo¡- ¡no mientas más¡- Yo no te creo y lo mejor que podrías hacer es poner a esa vieja crápula que tenías por madre en su lugar. Si no lo hiciste en vida de ella, hacelo ahora, estás a tiempo todavía, hacelo por tu vida. Gritá, decile de una vez por todas lo que se merece. Se hizo un silencio y de pronto Amparo cerró los puños y con los ojos cerrados empezó: ¡mamá¡ ¡mamá, que hiciste¡, ¡me cagastes la vida¡, ¡fuistes perversa, egoísta ¡ ¡sacrificastes mi felicidad, mi destino, mi amor para que te atienda¡ ¡me llenastes de culpas¡ ¡alejastes a todos mis novios para que no me fuera de tu lado¡. Ésta es la traducción culta o de salon, como quieran llamarla, de las maldiciones que emitía Amparo. Las verdaderas frases eran mas bien propias de hinchas– barra- brava . o de tumberos.
Nicolás queda paralizado, sin saber que hacer para calmarla y de pronto con una cachetada la calla y Amparo comienza a llorar, a llorar y a llorar, se va a la casa y no vuelve al trabajo hasta después de diez días. No va más al comedor, no habla con nadie. Sus compañeras nada saben de lo que le pasa y Nicolás, asustado tiene mas preguntas que repuestas.
Pasa el tiempo, y una tarde Nicolás la encuentra en la calle. Habian pasado unos cuatro o cinco años de aquella experiencia y ahora Amparo lucía más vital, más linda, sonreía y lo abraza: ¡que alegría¡. ¡que felíz encuentro¡. –Te acordás Nico del ataque que tuve ese día en tu oficina.
- Sí, me acuerdo.
- Ese día nací de nuevo. No volví a ver al siquiatra. No volví a tomar pastilla para dormir. Cambié de trabajo. Redecoré mi casa. Y tengo amante. ¡ Soy felíz¡.
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